LECTINAS, LOS AGENTES SECRETOS DE LA INFLAMACIÓN
Escrito por Rubén García
¿Sueles sentir hinchazón, gases, acidez o malestar estomacal habitualmente tras una comida? Puede parecer incongruente sufrir esta sensación cuando hemos consumido alimentos aparentemente saludables. Es muy probable que no estés prestando atención a las lectinas, y que estas te estén inflamando sin que tú te des cuenta. En este artículo te contaré todo acerca de las lectinas, en que alimentos se encuentran y cómo puedes controlar sus efectos.
¿QUÉ SON LAS LECTINAS?
Las lectinas son un tipo de proteínas capaces de unirse a carbohidratos y que están presentes en una gran variedad de cereales, frutas, verduras, legumbres y productos animales. De hecho, nosotros también fabricamos estas moléculas, y las utilizamos para actividades tan importantes como la del sistema inmune o de señalización celular. Sin embargo, parece que cuando ingerimos lectinas procedentes de otro organismo, estas pueden tener efectos nocivos e, incluso, letales.
EFECTOS DE LAS LECTINAS EN NUESTRO ORGANISMO
Hay que tener en cuenta que no todas las lectinas son tan perjudiciales. Mientras que algunas pasan prácticamente desapercibidas por nuestro organismo, otras pueden causar una grave irritación y malestar. Algunos de los efectos causados por las lectinas son:
- Interferencia en la absorción de nutrientes
- Alteraciones de la actividad del páncreas
- Inflamación de las células del intestino
- Modulación de la actividad del sistema inmune y de la inflamación general (luego veremos que este punto puede ser beneficioso)
Pero no os asustéis, estoy seguro de que todos vosotros ingerís lectinas a diario. A decir verdad, se estima que un 30% de los alimentos que ingerimos contienen lectinas. Entonces, ¿Por qué no notamos este impacto negativo?. La respuesta a esta pregunta es que, simplemente, estamos tan acostumbrados a consumir estas sustancias que sus efectos se han convertido parte de nuestro día a día.
ALGUNAS LECTINAS Y ALIMENTOS QUE LAS CONTIENEN
- Gluten. Seguramente hayáis oído hablar de esta sustancia, que representa un gran obstáculo para las personas celíacas, alérgicas e intolerantes. El gluten es una de las lectinas más extendidas en nuestra alimentación, estando presente principalmente en el trigo y todos sus derivados (pan, pasta, dulces, …). Otros cereales como la cebada o la avena presentan análogos del gluten que también puede provocar efectos tóxicos a las personas que no toleran el gluten.
- A1 beta-caseína. Presente en la leche de vaca. Puede estar detrás de que a algunas personas les cause malestar digestivo la leche sin ser intolerantes a la lactosa. Hace miles de años, la caseína predominante en la leche animal era la tipo A2. Sin embargo, una mutación a lo largo de los años causó un cambio en esta proteína y, con ello, un efecto distinto en nuestro organismo.
- Hemaglutinina. Aparece en el cacahuete y en una gran variedad de legumbres, pero especialmente abundante en las alubias de tipo roja y negra. De hecho, en países como Reino Unido, donde el consumo de este tipo de alubias es bastante habitual, es común el ingreso hospitalario de personas intoxicadas con hemaglutinina.
- Solanina. Presente en el tomate, el pimiento, la berenjena y, sobre todo, en la patata. Además de irritar a las células que tapizan nuestro intestino, se están asociando con posible daños neurológicos.
LA CARA BUENA DE LAS LECTINAS
No obstante, no debemos ser alarmistas, pues las lectinas tienen efectos que pueden resultar enormemente beneficiosos para nuestra salud. Por ejemplo:
- Tienen propiedades anticancerígenas. Las células tumorales presentan en su superficie una serie de carbohidratos anormales. Pues bien, parece que algunas de estas lectinas son capaces de unirse a estos carbohidratos, inhibiendo el crecimiento de la célula tumoral. Por ello, la investigación acerca de las lectinas es uno de los objetivos para prevenir la aparición de distintos tipos de cáncer.
- Ayudan a la eliminación de hongos, virus y bacterias. Al igual que los tumores, estos también presentan moléculas en su exterior que las lectinas son capaces de reconocer. Este punto es realmente interesante debido a la creciente preocupación acerca de la resistencia microbiana causada por un abuso de antibióticos por parte de la población.
- Mejoran el control de la glucosa en sangre. En las últimas décadas, los estudios han certificado la gravedad de no tener estabilidad en los niveles de glucosa sanguínea. El consumo de ciertas lectinas podría ser una sencilla estrategia para abordar este problema. De hecho, una de las lectinas que destaca por esta propiedad son aquellas presentes en los altramuces. Así que ya sabéis, ¡a pedirse una tapita de altramuces antes de un buen festín en tu bar de confianza!
¿QUÉ DEBEMOS HACER?
Después de toda esta información, os preguntaréis: ¿debo o no debo tomar lectinas?. La respuesta es que SÍ, ya que, como os habréis dado cuenta, es prácticamente imposible no hacerlo al estar presente en una gran cantidad de alimentos. Sin embargo, es recomendable moderar su consumo y hacerlo de manera selectiva. Aquí os dejo algunos consejos:
- “La dosis hace el veneno”, es decir, no hay que echarse las manos a la cabeza por bebernos un vaso de leche o nos tomemos un plato de garbanzos, pero sí que debemos de tratar de reducir en la medida de lo posible el consumo de lectinas.
- Hay que preparar la comida de forma correcta. ¿Por qué pensáis que nuestras abuelas siempre remojan los garbanzos un día antes de cocinarlos? De acuerdo, no creo que tu abuela sepa lo que es una lectina. Aun así debo anunciaros que esta es una de las mejores maneras de inactivar las lectinas presentes en las legumbres. Además, existen otras costumbres que podemos incorporar en la cocina para reducir los posibles efectos negativos, como pelar las patatas o quitarle las semillas a los tomates y pimientos, ya que estos son los tejidos en los que estos vegetales acumulan mayormente las lectinas.
- Escoger con inteligencia. Pese a que algunas lectinas pueden provocar reacciones tolerables o incluso beneficiosas en nuestro cuerpo, otras (como el gluten y la caseina A1) no nos aportan prácticamente nada positivo. Es por eso que conviene eliminarlas de la dieta o, en su defecto, sustituir los alimentos que las contienen por otros mejores. Una opción, es cambiar los productos elaborados con harina de trigo por otros elaborados con otros cereales, como la espelta, la avena o el centeno, pues estos no suelen causar molestias digestivas. Por otro lado, podemos sustituir la leche de vaca por bebidas vegetales (de avena, arroz, almendras, etc) o por leches de cabra, oveja o búfala, ya que estas contienen caseína tipo A2, la cual digerimos mucho mejor.
Espero que toda esta información y consejos os ayuden a comprender un poco mejor el complejo mundo de la nutrición, y que os ayude a solventar posibles problemas intestinales sin causa aparente. A partir de ahora, sabéis que tenéis unas infiltradas en vuestro organismo: las lectinas.
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